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Cultura

Cándido López y una historia familiar que llega a Necochea

Intensos momentos cuenta Marcos López, chozno del reconocido artista, a través del libro que escribió su abuelo

Cándido López y una historia  familiar que llega a Necochea

Por Ian Larsen - Redacción


"Esto es el resultado de veinte años de investigación por parte de mi abuelo”, cuenta con orgullo Marcos López, nieto de Adolfo Hernando López Rouger y chozno del reconocido pintor argentino Cándido López, mientras observa y sostiene entre sus manos un libro de edición limitada.

Marcos se mudó desde Buenos Aires a Necochea hace siete años por cuestiones laborales y trajo una parte de su historia familiar que, en parte está contada en ese libro que escribió su abuelo y, en parte, está en su memoria gracias a anécdotas que se han ido pasando de generación en generación.

La historia del artista

El reconocido pintor Cándido López, abuelo del abuelo de Marcos, nació en Buenos Aires el 29 de agosto de 1840 en una casa de la calle Victoria (actualmente Hipólito Yrigoyen) entre Lima y Cambaceres (hoy Bernardo de Irigoyen).

Sus padres fueron Don Sebastián López y Doña Josefa Viera y sus hermanos Urbano, Manuel y Pepa. Desde temprana edad dio indicios de su vocación por la pintura y en sus comienzos se dedicó a hacer retratos como autodidacta.

Tiempo después, recibió las enseñanzas de los maestros Carlos Descalzo (argentino) y Baldasarre Verazzi (italiano), hasta que, en 1859, se radicó en la localidad de Mercedes y desde allí viajó a distintos pueblos continuando con su profesión de retratista.

Tras regresar a Buenos Aires, en 1863, recibió las enseñanzas del italiano Ignazio Manzini, quien le sugirió que abandone temporalmente sus intenciones de viajar a Europa y que primero se perfeccione como paisajista.

Siguiendo aquel consejo, Cándido recorrió pueblos y campos de la región y, estando en San Nicolás de los Arroyos, en 1865, estalló la Guerra de la Triple Alianza. Así fue que se enroló como voluntario y su destino fue el Batallón de Guardias Nacionales de San Nicolás, con el grado de Teniente Segundo.

El 22 de septiembre de 1866, luego de varias batallas, llegó el Asalto de Curupaytí, una batalla que marcó su vida por siempre cuando un casco de granada le despedazó su muñeca derecha. "La gangrena iba creciendo y le terminaron amputando la mayor parte del brazo, justo de la mano que usaba para pintar porque la izquierda nunca la había usado”, cuenta Marcos López, que se ha vuelto un gran conocedor de la historia de su familia.

Cándido fue atendido por el Dr. Lucilo del Castillo y pasó a integrar el Cuerpo de Inválidos.

Poco a poco, comenzó a pintar con la mano izquierda, siendo el rancho de su doctor lo primero que pintó. "Ese cuadro fue el punto de inicio de la parte más importante de su carrera como artista y se lo regaló al doctor que le había hecho las intervenciones en el brazo”, contó Marcos.

En 1872 se casó con Emilia Magallanes, que ya tenía un hijo y con ella tuvo 12 hijos más. Finalmente, falleció el 31 de diciembre de 1902, recibiendo sepultura en el panteón de la Asociación de Guerreros del Paraguay, de la que fue socio fundador.

Una de las obras de Cándido López que retratan la guerra con una gran cantidad de detalles

Las obras

Según supo Marcos y como se cuenta en el libro, Cándido hacía bocetos de todo lo que veía durante la guerra y anotaba los colores y detalles en la parte de atrás para, cuando volviese a Buenos Aires, poder recordar todo con detalle y pintar la obra correctamente.

Respecto a sus obras, fundamentalmente son cuadros de la guerra, ya pintados con la mano izquierda, de los cuales se conocen 59 mientras que los ­cuadros ajenos a la guerra que fueron pintados con mano izquierda se conocen 13.

En cuanto a su época de pintura con la mano derecha, todas las obras fueron de temáticas ajenas a la guerra, algunas destinadas a la religión y solo se tiene registro de 16 de ellas.

Actualmente sus obras se encuentran repartidas entre el Estado, Museos de Bellas Artes, Museo de San Nicolás, Luján, descendientes y coleccionistas privados. "Como la fotografía recién iniciaba y las imágenes de Cándido eran tan realistas, el Congreso Nacional en su momento tomó las pinturas como una crónica real de la guerra. Por eso es que el Estado le compró 29 cuadros por $11.000 con los que, en ese entonces, se compró una casa”, contó Marcos que no se ha apasionado por la pintura pero que se ha interesado mucho en leer críticas a las obras de su ancestro y en visitar los museos para apreciar y fotografiar las obras. De hecho, de vez en cuando sube a su cuenta de Instagram fotos de los cuadros y acercamientos para que se puedan apreciar los detalles.

Adolfo López

Por su parte, Adolfo Hernando López Rouger, nació en Buenos Aires el 8 de febrero de 1925, también fue militar con especialidad en Infantería de Montaña, tuvo dos hijos y trece nietos, de los cuales uno es Marcos, que vive en nuestra ciudad.

Empezó a escribir cuando quedó viudo y, al terminar su libro, en el año 2011, ya muy enfermo, un mes antes de morir, logró ver terminada la impresión que hoy su nieto sostiene con orgullo entre sus manos. "Mi abuelo dedicó veinte años de recursos, viajes y un montón de cosas más. La presencia de Cándido y de mi abuelo son muy fuertes en mi familia. Uno de chico no prestaba atención a estas cosas y hoy, que conozco la historia, me hubiese gustado preguntarle muchas cosas”, afirma.

El libro del que se hicieron 3000 ejemplares fue titulado "El santo del pincel” y, según cuenta Marcos, eso se debió a que cuando el padre de Adolfo tuvo que ahumar el cuerpo, muchos años después, estaba incorrupto y eso, para la comunidad católica, es un símbolo de santidad.

Los libros fueron donado por el padre y la tía de Marcos a gente que los pueda apreciar, como instituciones y colegios de distintas partes del país.

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