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sociedad

La "mediamorfosis", entre las nuevas audiencias y las fuentes de financiamiento

La industria periodística indaga en los cambios de hábitos de los lectores: de eso depende su futuro

La "mediamorfosis", entre las nuevas audiencias y las fuentes de financiamiento
El siguiente es un artículo publicado por el diario Clarín con la firma del periodista Miguel Wiñazki.

El comportamiento social en relación a las noticias es un indicador que permite predecir tendencias en cuanto a la imbricación -muchas veces tensa- entre el poder político y los medios. Pero no sólo eso: la industria de la información indaga en los nuevos hábitos de las audiencias porque de eso depende su futuro.
Lo que ocurre en The New York Times funciona como una brújula posible. Sugiere un camino a tomar: en conjunto, la compañía registró ingresos totales por U$S 399 millones en el primer trimestre de 2017, lo que representa un 5,1 por ciento más que lo facturado en el primer trimestre de 2016.
¿Que fue lo que movilizó el repunte? Una combinación de factores que incluye como un elemento central la hostilidad de Donald Trump hacia el diario. La beligerancia presidencial redundó en un crecimiento de las suscripciones digitales. En el primer trimestre de éste año se computaron 308.000 usuarios nuevos de ese medio en la Web. En total hay 2 millones de personas que pagan para leer la versión online del diario. Eso propició un aumento del 19 por ciento de ingresos por publicidad digital; un récord. Trump con sus bravatas antiperiodísticas ayudó a los medios.
Hay dos tipos de lectores: los que buscan deliberadamente la información y los que se chocan con las noticias. Los que buscan noticias son clientes o potenciales clientes que pagan o pagarían por recibir información online. Los que se chocan con la información simplemente y de manera incidental reciben noticias a través de las redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram.
Una mirada totalmente apocalíptica aventura un futuro posperiodístico, es decir: un modelo informacional global que no incluiría a las empresas periodísticas tradicionales como proveedoras de información por excelencia. Las noticias circularían sólo a través de las redes. Esa visión radicalmente escéptica no computaría como relevante el hecho de que muchos decidan pagar por recibir información.
Se registra en Estados Unidos, pero también en Brasil (para citar solo dos ejemplos notables) un cambio de paradigma cultural. La gratuidad ya no es sacrosanta en Internet. Hay audiencias mayoritarias que desembolsan dinero para acceder a lo que les interesa en la red.
Entonces, ¿quiénes son los que pagan por las noticias?
Un estudio que podría denominarse demográfico realizado por el American Press Institute muestra que un 53 por ciento de los norteamericanos mayores de 18 años efectivamente pagan para leer noticias online. Es un dato fuertísimo. ¿Los jóvenes permanecen al margen del consumo pago de noticias? Entre los que destinan dinero para informarse, hay un 37 por ciento de jóvenes que tienen entre 18 y 34 años. ¿Puede trasladarse esa tendencia a otras latitudes, a la Argentina por ejemplo?
El éxito que tienen aquí algunas aplicaciones pagas como Netflix o Spotify sugieren que las audiencias no son renuentes a pagar si el contenido interesa. Claro, aquí hay que probar si existe la misma actitud cuando se trata de pagar por noticias específicamente.
En los Estados Unidos los que pagan afirman que lo hacen porque les interesa la información y porque valoran las coberturas que realizan los medios que eligen. A la vez, un tercio de los que pagan por leer noticias lo hacen como una reacción positiva ante descuentos promocionales para ingresar al club de los suscriptores.
El asunto es crucial para determinar la proyección de las empresas periodísticas tradicionales hacia su inevitable mutación digital.
Según el estudio del American Press Institute, las personas que actualmente pagan por una suscripción a medios noticiosos consideran que el precio de las noticias es relativamente barato.
Los medios que cobran por la información online requieren más bien micropagos por parte de los lectores. No se trata de cobrar mucho a cada lector. Al revés, la lógica económica en la era virtual funciona cobrando muy poco, a muchos que deciden pagar.
La industria de la información busca nuevas fuentes de financiamiento. La publicidad online crece, pero no tanto como para sostener la inversión cotidiana que requiere la búsqueda y publicación de noticias. Como ocurre con el papel ahora los lectores también aparecen dispuestos a comprar la información que les interesa.
Es una metamorfosis, que, como diría el analista Roger Fidler, es también una "mediamorfosis”. Los medios cambian, los hábitos de las audiencias cambian, y el periodismo permanece de pie.///

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