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PERSONAS Y PERSONAJES

Adaptarse a los cambios para poder seguir con su pasión

Adelqui Di Lullo lleva 53 años en la fotografía y ha vivido toda la transformación tecnológica muy de cerca. Encuentra aspectos positivos y negativos

Adaptarse a los cambios para poder seguir con su pasión
Por Ian Larsen – Redacción

"Estoy en esto porque realmente me gusta” dijo el fotógrafo Adelqui Di Lullo, que tiene 77 años y ya hace diez que se jubiló pero, aún así, está decidido a no abandonar la actividad que tanta gente le ha hecho conocer y que tantos buenos momentos le ha hecho pasar. 
Según contó, el trabajo al que ha destinado tantos años de su vida le resulta una actividad que para quien la realiza no genera aburrimiento sino que, por el contrario, genera entusiasmo en seguir aprendiendo cosas nuevas.
Di Lullo señaló que, en general, para los fotógrafos de eventos sociales el cambio tecnológico que se ha ido dando con los años fue perjudicial porque "la gente saca más fotos que nunca y revela menos que nunca”. "La fotografía hoy está destinada a los más destacados, a los jóvenes que tienen más entendimientos con las computadoras y se animan más a experimentar. Hay mucha más competencia y si bien antes no había mujeres que se dediquen a esto, hoy se están animando mucho más a agarrar la cámara y tienen muy buen gusto”, contó.
Por otra parte, el fotógrafo quiso destacar que el cambio ha sido bueno para trabajar porque, antiguamente, se debían sacar las fotos haciendo cálculos más estimativos y sin tanta certeza, sobre todo en exteriores.
En cuanto a los post-procesados de las imágenes, dijo que ahora hay más herramientas que cuando se trabajaba con los rollos de la fotografía analógica, aunque él a su edad ya no tiene tantos deseos de innovar como en su juventud.

Trabajos
La labor que más ha realizado a lo largo de su carrera está directamente vinculada a los eventos sociales, como casamientos y cumpleaños de quince, pero lo que más disfruta de hacer son los retratos de estudio.  "Incluso me gustaba hacer la foto carnet para el documento de identidad o la licencia de conducir pero eso, lamentablemente, también lo hemos perdido y se perjudicó mucho a las casas de fotografía que solamente con eso ya podían subsistir”, comentó.
En 1998 se compró su laboratorio a color para poder trabajar sus fotografías personalmente y tenía bastante trabajo diario. A tal punto que debía atender el local y cubrir eventos durante el día para poder revelar de noche. "Era un verdadero sacrificio porque se me hacían las cinco o seis de la mañana y me solía quedar dormido arriba de la mesa de revelado. Ahora quedó obsoleto todo eso y hasta regalé el laboratorio para que se hagan un mueble”, manifestó Di Lullo.
En cuanto a su trabajo, mencionó que le resultaba bastante difícil llegar a todos los lugares que tenía que cubrir aunque, gracias a eso, en muchos hogares de Quequén y Necochea hay alguna foto con la firma de Adelqui. "Antes por cualquier fiestita llamaban a un fotógrafo profesional porque no había otras posibilidades de registrar el momento. Un día paré el Citroen tan a las corridas que me olvidé dónde lo había dejado y casi terminé haciendo la denuncia de robo, por suerte preguntando logré encontrarlo”, recordó.
Hoy no solo han cambiado los aspectos vinculados a la tecnología sino también las fiestas en general ya que, por ejemplo, en los casamientos de hace algunas décadas atrás los novios solo estaban hasta las dos de la mañana como mucho y luego la fiesta seguía sin ellos mientras que hoy "son los que cierran la puerta”.

Los celulares
Según comentó, la venta de cámaras digitales ha disminuido considerablemente desde la aparición de celulares que generan fotografías de alta calidad. "Tienen una nitidez bárbara, antes con los rollos no teníamos tanta luminosidad ni en las cámaras profesionales. Prácticamente se puede hacer gigantografía con lo que sale del celular”.
Además, en una fiesta, ya le resulta normal ver hoy en día que haya muchas personas sacando fotos al mismo momento que él. "Yo me aseguro mi parte pero no está más eso de esperar a que les des la foto para verse. Ya no somos los únicos que tenemos el material”, dijo.
Adelqui es nacido en San Cayetano pero desde muy chico se mudó a Quequén donde su padre puso un almacén de ramos generales. Sus comienzos con la cámara fueron después de casarse, a los 22 años, cuando fue a su viaje de bodas con su primera cámara de rollo. Luego, al regresar, se quiso anotar en un curso en Buenos Aires y fue becado en parte del valor. Finalmente, un 9 de julio tuvo su primera fiesta en la que le pagaron por sacar las fotos y en esos primeros años contó con ayuda ya que era muy amigo de la familia Rizzo. "Mi primer revelado y mi primer negativo fueron una cosa de locos para mí. La única que no estaba muy contenta era mi señora que le estaba oxidando la bañera con los químicos”, contó riendo.
Con el tiempo pudo poner un local en el centro de Quequén y más tarde abrir su propio negocio que mantiene hasta el día de hoy. "Jamás pensé que iba a ser fotógrafo y poder andar entre la gente porque tenía mucha vergüenza pero hoy, si miro para atrás, no se si hubiese podido hacer otra cosa”, concluyó.///

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