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PERSONAS Y PERSONAJES

Encarar la vida con alegría y ganas, la convirtió en un orgullo y ejemplo para su familia

Hace catorce años, Elvia Casalini quiso aprender a nadar. Hoy con sus 85 está orgullosa de seguir asistiendo a la pileta tres veces por semana

Encarar la vida con alegría y ganas, la convirtió en un orgullo y ejemplo para su familia
Por Ian Larsen - Redacción

Alguien que conversa con ella, claramente puede asumir que tiene sesenta años, o tal vez menos. Su cara simboliza una alegría y una vitalidad admirables, que sólo se pueden desprender de una persona feliz y plena. De hecho, así se denomina a si misma, como una persona que, a pesar de las situaciones difíciles que cualquier ser humano atraviesa, es feliz. "No es muy común que alguien diga eso hoy ¿no?”, dice con la cabeza algo inclinada y una sonrisa espléndida.
 "El deporte para mí es lo más importante. Yo elegí la natación”, contó Elvia Rosa Casalini, que con sus 85 años sigue yendo a la pileta del club tres veces a la semana.
Siempre le gustó la idea de nadar aunque en sus años de juventud no lo pudo ni quiso hacer porque debía llevar adelante una familia y trabajar.
Cuando sus dos hijos, Roxana y Jorge, se convirtieron en profesionales y se casaron, la idea de arrancar un deporte siguió creciendo más fuerte. Finalmente, a los setenta, ya jubilada hacía bastante tiempo, se anotó en la pileta de un gimnasio y empezó a ir a clases de 45 minutos, dos veces por semana.
Claro que no fue fácil, ya que le tenía algo de temor al agua y no tenía la mínima idea de nadar en una pileta de grandes dimensiones. "Hubo un buen profesor que logró que asimile bien lo que me enseñó. Ahora conozco todos los estilos, pero el nado de pecho es el que más disfruto. Me gusta estar abajo del agua, sin antiparras ni nada; me gusta sentir esa sensación del agua en la cara”, contó.

Cambio
Después de diez años de estar allí, inauguraron la pileta del Club Huracán, que le quedaba más cerca de su casa y tenía mejores comodidades para ella. "Me recibieron como si yo fuera una nadadora de primera, una gente con mucha calidez humana”, señaló Casalini.
Dado que en esos diez años con distintos profesores había aprendido todo lo que necesitaba, pidió pileta libre y allí está desde hace cuatro años y medio. "Mi familia ha renacido, me dicen que ya no soy la misma. Si no hubiese empezado a hacer eso, me hubiese quedado encerrada en mi casa y me hubiese enfermado”, aseguró. 

Su vida
Casalini nació en Bahía Blanca y allí hizo sus primeros meses de colegio ya que luego, a los seis años, se mudó con sus padres y hermanos a General Roca, Río Negro. Allí fue a un buen colegio en el cual hacía algo de deporte aunque era bastante poco.
Después de estudiar para ser perito mercantil, ponerse en pareja y tener a sus dos hijos, empezó a buscar nuevos horizontes, en los que ella quería ver playa. Así llegó a Necochea hace cincuenta años.
No pasó mucho tiempo hasta que se separó de su marido y empezó a trabajar para ella y para ayudar a sus hijos en lo que necesitaran ya que ambos tenían, en ese entonces, menos de veinte años.
Sus primeros trabajos, pese a sus estudios, fueron planchando en casas aunque tiempo después ya empezó a trabajar como cocinera en la Colonia Raimondi (hoy Hogar). "Mi papá era metalúrgico artístico, pero también tenía carnicería así que cuando era chica lo ayudaba a despostar y ahí aprendí. Por eso a los 35 años, en el Raimondi, andaba mucho con ese tema también y hasta me cargaba las medias res al hombro”, recordó sonriente.
También trabajó en el hotel San Martín como cocinera hasta que, años después, de tanto pasar por una panadería cercana a su casa, empezó a notar que siempre tenían una empleada nueva, entonces decidió preguntar si necesitaban a alguien para trabajar. Así fue que empezó a trabajar como vendedora y administrativa en la panadería en la que estuvo 17 años, hasta que se jubiló.

Después de jubilarse
Tras jubilarse, no supo qué hacer y no quería quedarse quieta porque tiene "muchas ganas de vivir”. En un día lleno de motivación, decidió que empezaría a levantarse a las dos de la mañana para hacer churros y bolas de fraile. "Hacía catorce docenas por día y mi hijo a la mañana, antes de ir a trabajar, me llevaba a repartirlas”, contó.
Hoy ya no se dedica a trabajar pero sigue teniendo el tiempo ocupado ya que, además de la pileta, también le gusta estar en su casa, limpiar y tener todo en orden como así también pasar tiempo con sus hijos y nietos. 
"No me quiero parecer a Mirtha Legrand, pero tengo 85 y con esta edad tengo salud, sigo nadando y tengo una familia hermosa, ¿qué más motivos se necesitan para ser feliz?”, concluyó.///

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