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PERSONAS Y PERSONAJES

Una de las primeras mujeres de Necochea que eligió la construcción

Liliana Bottán se jubiló recientemente de su trabajo como maestro mayor de obras, desempeñándose en el sector de Obras Privadas de la Municipalidad

Una de las primeras mujeres de Necochea que eligió la construcción
Hoy Liliana Bottán tiene sesenta años y hace pocos días se jubiló, casualmente, justo en la misma fecha que se convertía en abuela. Sin embargo, allí comenzó su nueva etapa, la etapa del descanso y del disfrutar de la familia.
Los años anteriores a este nuevo paso en su vida están ligados al trabajo y al estudio, con un fuerte vínculo con la construcción, una pasión que heredó de su padre.
Bottán nació en Lobería, el 16 de septiembre del año 1956. En ese entonces, solo tenía una hermana mayor pero luego toda la familia se mudó a Necochea. Más precisamente al Barrio Norte. "Nos vinimos primero a lo de mi abuela y después construimos un departamentito. La familia de mis padres era toda de acá”, contó Liliana.
El motivo de la mudanza, que también los llevó a vender la casa de Lobería, fue que estaba por nacer la hermana menor de Bottán, a quien le lleva siete años, y su madre estuvo internada grave por bastante tiempo en una clínica de nuestra ciudad. Dado que Liliana tenía solo seis años en ese entonces, ese suceso significó un recuerdo que mantiene hasta hoy como uno de los más fuertes de su infancia.
Su padre era cementista y su madre era modista al igual que su hermana mayor que también está hoy jubilada.
Bottán fue al primer grado del Colegio de Hermanas y, al mudarse a Necochea, lo más cercano era la Escuela  Nº 12 y allí terminó sus estudios primarios.
Aún hoy conserva hermosos recuerdos de aquella escuela que todavía era una casa antigua. Según contó, prefiere no tener malos recuerdos y guardar en su memoria solo las cosas buenas, entre las que destaca el juntarse con las chicas del barrio a jugar a la muñeca, salir a andar en bicicleta o andar en los patines que recién habían empezado a fabricarse en nuestro país.

Seguir una carrera
Al terminar la primaria, comenzó a estudiar el secundario en la recién inaugurada Escuela Industrial, al lado del puente, y no notó un gran cambio con lo que ya venía haciendo hasta ese entonces. 
Sin embargo, luego continuó los tres años restantes para recibirse, en 1975, de maestro mayor de obras. "Teníamos muy buenos profesores que ya eran ingenieros conocidos en la ciudad y era muy exigente, yo fui la quinta generación de mujeres recibidas porque antes iban solo varones”, recordó.
Fueron cinco las chicas de su grupo de amigas las que continuaron la misma especialización que ella y otras dos siguieron la parte electromecánica. "En ese momento el título servía mucho porque no había tantos recibidos como ahora”, explicó.
Su juventud no fue solo estudio, sino que también había deporte. Disfrutaba de jugar al vóley en el Club Rivadavia, haciendo campeonatos contra el Colegio de Hermanas y el Alemán. Además, recuerda los campeonatos en la Escuela Cruz, donde había distintas disciplinas. "De ese grupo de secundaria todavía nos encontramos algunos”, contó.
Su adolescencia y juventud fueron etapas bastante estrictas ya que su padre cuidaba mucho de las tres hijas. A los 19 años, al poco tiempo de haberse recibido, su padre falleció y los proyectos que Liliana tenía de seguir la carrera de arquitectura se derrumbaron. "Mi papá era la inspiración, gracias a él hoy me encanta la construcción y la decoración de interiores, después de cuarenta años de dedicarme a eso. Yo le ayudaba a mi papá desde los diez años haciendo la mezcla o alcanzando los baldes, era un entretenimiento y me marcó mucho”, aseguró Bottán.

Empezar a trabajar
Luego del fallecimiento de su padre, empezó a trabajar para distintos profesionales dibujando planos hasta que, en 1976, vio un aviso en Ecos Diarios en el que la Municipalidad anunciaba la necesidad del ingreso de un maestro mayor de obras. 
Se presentaron muchos de los recibidos, entre ellos Liliana, e hicieron una entrevista. Finalmente, el 10 de enero de 1977 la llamaron para que ingrese a trabajar y, desde entonces, no se fue más hasta jubilarse.
En un principio la destinaron a la Secretaría de Obras Públicas. Sin embargo en el área de Obras Privadas había poco personal y pocos inspectores así que fue derivada a ese sector. "Entré como técnica para la revisión de planos y a partir de ahí empecé a hacer carrera en la Municipalidad, con 20 años. En ese momento éramos unos 800 empleados en total”, recordó.
A los 22 años conoció a Daniel Battista, se hicieron novios y en 1982 se casaron. En 1983 nació Marcelito, su primer hijo, a los dos años nació Juan Pablo y por último Daniela, quien hace pocos días le dio su primera nieta.
Respecto a su trabajo, en el que tenía a cargo dentro de Obras Privadas la dirección de catastro y electrotécnica, señaló que "es un área donde la gente suele ir enojada o con mala predisposición y muchas veces te habla mal”. "Ha habido gente que me ha faltado mucho el respeto por querer hacer las cosas justas o lo que corresponde. He tratado de hacer todo lo posible en el marco de las ordenanzas vigentes, fue una pelea diaria de cuarenta años”. 
También contó que ha ido trabajando bien con todos los gobiernos ya que se consideró un auxiliar del intendente, más allá de si era uno u otro. "Soy prácticamente apolítica así que siempre me manejé con las cosas claras y tratando de hacer lo correcto”, aseguró.
Hoy en día, ya jubilada, ha elegido usar su tiempo para descansar y disfrutar de ser abuela. Además, como cristiana, hace tareas comunitarias junto a su marido, sobre todo ayudando a las personas mayores. También le gusta viajar al menos una vez al año para conocer lugares, algo que hacen en pareja desde hace unos diez años.///

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