15°Actual Min 13° Máx
PERSONAS Y PERSONAJES

Recuerdos coloridos que se pintan para siempre

El mar, los árboles, la naturaleza en general, son la inspiración de Victor Bork que, a sus 94 años, ni por un instante se le cruza por la cabeza soltar el pincel

Recuerdos coloridos que se pintan para siempre
Por Ian Larsen – Redacción

Con Van Gogh como inspiración y la naturaleza como motivadora y explotadora de los recursos imaginarios que siguen intactos en su cabeza, Victor Bork ha convertido el interior de su casa prácticamente en una galería de arte, llena de cuadros colgados en la pared con obras suyas y pilas de pinturas sin enmarcar sobre una mesa.
Tiene 94 años y con el tiempo ha dejado de lado muchas de las "locuras” que surgían de la juventud, sin embargo, hoy se da el lujo de disfrutar de otras cosas que le gustan para no quedarse con las ganas de nada. Entre lo que disfruta hacer está el ir a la playa en verano, hacer yoga tres veces por semana y lo principal y más importante: pintar.

El inicio en la pintura
Su pasión por la pintura arrancó a los 53 años, más precisamente en el año 1975, cuando su hijo, que lleva el mismo nombre y es ingeniero agrónomo, hizo en la zona de la Patagonia un taller con el pintor Guillermo Caroli Williams y, al volver, le transmitió a su padre lo que había aprendido y le dio un cuadro de gran tamaño pintado por el reconocido artista. Ese cuadro aún hoy está colgado en su casa.
De esa manera, Víctor, que estaba pasando por un momento emocional algo difícil, aprendió una forma de pintar que no tenía que ver tanto con técnicas sino con soltar las emociones y el niño que se lleva dentro.
Desde ese entonces, se lanzó como autodidacta, dando sus primeras pinceladas, con inseguridad hasta que empezó a instruirse con la lectura de libros y escuchando las opiniones de algunos pintores locales que lo ayudaron a perfeccionar su mirada.

Las obras hoy
Después de algunas décadas, Bork dejó de pintar. Sin embargo, poco después del año 2002, por iniciativa de su familia, empezó a asistir a su casa una profesora de artes plásticas para que, a través del taller, Víctor vuelva a retomar la pintura que había dejado. Desde ese entonces siguió pintando y comenzó a exponer en el Centro de Jubilados para después continuar en distintas muestras colectivas e individuales de la ciudad e incluso fuera de Necochea.
De esta manera, desde hace ya unos años pinta todos los sábados, con una profesora que lo guía aunque él es quien elige los colores y plasma sobre el papel lo que siente.
En general, sus obras se inspiran en la naturaleza, desde una perspectiva muy colorida que no deja en blanco ninguna parte del papel. Si bien hay pinturas en las cuales se observan paisajes de hielo y cordillera, sobre todo, en las pinturas se puede ver con claridad su atracción hacia el mar y hacia los bosques, dos características que tiene Necochea, la ciudad donde nació.
Por otro lado, si bien a veces empieza a pensar con tiempo lo que va a dibujar, el arte surge en el momento en el que agarra el pincel, casi como una necesidad de expresión del alma.

La infancia y la familia
Su madre era nacida en Ucrania y su padre Kristian Bork fue bastante conocido en Necochea, vivía en una quinta, fue vicecónsul de Dinamarca (su país de origen) e incluso hasta le entregaron un diploma en la Exposición de Palermo por su trabajo como quesero. Ellos tuvieron cinco hijos y cuando decidió cambiar completamente de rubro, Kristian creó la fábrica de "Hielos Bork” que funcionaba hasta hace unos algunos años en la calle 72 y a la cual Victor le dio continuidad hasta cerrar.
Respecto a su infancia, a Victor no le gustaba la pintura ya que era muy travieso y le gustaba más la adrenalina que la tranquilidad. A tal punto era así que, entre sus anécdotas, recuerda claramente un día en el que se habían quedado sin vino en el Aeroclub, se subieron a un avión con un amigo y pasaron volando por debajo del Puente Colgante. Cuando el vendedor de La Lita preguntó dónde cargaba la compra de vino que habían hecho, se sintió algo desconcertado al escuchar "allá, en el avión”.
Como cada vez le gustaba más volar, decidió aprender. Después de conseguir su objetivo de ser aviador, un día aterrizó el avión y decidió no volver a subirse porque tenía que esperar entre dos y tres horas a que llegue su turno. "De chico me tiraba del techo derecho a una planta, no me hacía nada. Le robaba higos a los vecinos y un montón de travesuras por el estilo”, recordó sonriente.
Cuando se aburrió de los aviones, siguieron las motos y hasta se ponía seudónimos para correr oculto y que su familia no se preocupe por el. De su etapa como motero también tiene gratos recuerdos entre los cuales destacó el haber ganado una carrera en Lobería con una Norton 500. Si bien pasaron muchos años desde ese acontecimiento, aún tiene la imagen de la tierra que volaba y que no le permitió enterarse de que había sido el ganador. Con el dinero que le dieron aquel día, le compró un triciclo a su hijo, que aún era pequeño.
Actualmente opta por actividades más tranquilas, dejando atrás toda la locura de la juventud, pero no se queda quieto. Hace yoga, va a la playa en verano para bañarse en el mar y continúa con su pasión por pintar.///

Comentarios

Necochea // Argentina - Copyright 2016 · www.ecosdiariosweb.com.ar