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Nuestra historia

Hace 75 años se creaba un museo único en Sudamérica

El pasatiempo del médico veterinario José Squadrone se convirtió en 1942 en una muestra de características únicas

Hace 75 años se  creaba un museo único en  Sudamérica

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Ecos Diarios

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En febrero se cumplieron 75 años de la inauguración del Museo Bromatológico General Necochea, una muestra jamás igualada creada por el médico veterinario José Squadrone.

Nacido en Alcorta, provincia de Santa Fe, Squadrone se recibió de doctor en veterinaria en la Universidad de La Plata. En sus años de estudiante conoció a José García Landera.

Luego de ejercer algunos años su profesión de veterinario en Junín, Squadrone llegó a Necochea en 1931 y se dice que su amigo García Landera tuvo mucha incidencia en esa decisión.

En nuestra ciudad fue designado médico veterinario municipal y ocupando en su trayectoria diversos cargos, hasta llegar a jefe de los servicios de Inspección Veterinaria y director de la Oficina de Higiene Alimentaria.

En 1942, con el propósito de enseñar a la comunidad a alimentarse y a equilibrar su dieta, comenzó a preparar una muestra bromatológica.

Su objetivo era enseñarle a la gente a seleccionar los alimentos, a descubrir fraudes y adulteraciones en los productos alimenticios para evitar enfermedades microbianas y parasitarias.

Squadrone dominaba técnicas de las artes plásticas, ya que era un apasionado de la pintura. Por eso no le resultó difícil moldear y colorear piezas de yeso hasta darles la apariencia de reales.

El museo fue inaugurado el 22 de febrero de 1942 y estuvo presente su amigo García Landera, que en ese momento se desempeñaba como comisionado municipal.

El museo estaba ubicado en la antigua sala del Concejo Deliberante, en el desaparecido Palacio Comunal, en la esquina de 58 y 61.

El 20 de diciembre de 1949 el museo fue provincializado y quedó en manos del Ministerio de Salud Pública, organismo que se comprometió a mantenerlo en Necochea, respetando la voluntad de su creador y director.

 

Interés científico

Además del museo, Squadrone se dedicó a otros proyectos comunitarios. Soñó con la creación de un acuario marítimo y un zoológico.

Incluso en 1935 integró la comisión directiva provisoria del Club Náutico, que fue fundado en septiembre de ese año.

En 1941 integró la comisión de la agrupación de artistas "Orientación”, que formó la vieja Academia Municipal de Bellas Artes.

Aunque sin dudas fue el Museo Bromatológico su obra más importante. El material creado por Squadrone fue presentado en las más importantes ciudades del país y participó de hechos trascendentes, por ejemplo la primera exposición de la Secretaría de Salud Pública de la Nación (1948) y de la Dirección General de Cultura de la UNESCO (1960).

En 1963 participó como único expositor en el Primer Curso Nacional de Bromatología, en la ciudad de Córdoba.

El tenaz investigador compartió los últimos años de su vida entre la ciencia y la actividad privada, la que desarrolló como director técnico en la agro-veterianaria Fenar, del doctor Cambaceres, ubicada en 57 y 64.

El doctor Squadrone falleció en nuestra ciudad el 28 de febrero de 1969.

 

En el olvido

El museo retornó a la órbita municipal en 1974 y se decidió imponerle el nombre de su creador, como homenaje a su labor.

La hija de Squadrone, María Josefina, también médica veterinaria, dirigió ad honorem el museo durante varios años.

La monumental obra de Squadrone fue expuesta hasta 1977, cuando el viejo edificio del Palacio Municipal fue derribado. La idea era reinstalar la muestra en el complejo museológico del Parque Miguel Lillo, pero de las 3.500 piezas que componían la colección, sólo quedaron 400.

Luego de abandonar el viejo edificio comunal, que fue demolido para erigir el Centro Cívico, el museo funcionó temporariamente en un salón de la Municipalidad.

En octubre de 1979 fue trasladado al Parque Miguel Lillo pero luego sus piezas debieron ser embaladas para dar lugar al Museo Regional, hasta que en diciembre de 1982, se habilitó al público un local en calle 63 Nº 2402.

La profesora María del Pilar de Diez tuvo a su cargo la refacción y conservación de las piezas, que se hallaban depositadas en el corralón municipal.

En diciembre de 1983 se alcanzó el objetivo de contar con un edificio propio y fue instalado en el Complejo Museológico del Parque Miguel Lillo, en una construcción lindera a la vieja casona. Pero no permaneció allí definitivamente.

Una mínima parte de aquellas 3.500 piezas eran exhibidas hasta hace unos años en el Museo de Ciencias Naturales.
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