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Nuestra historia

Ruido, humo y olor a combustible

La llegada de los primeros automóviles, en la década de 1910, cambiaron definitivamente el paisaje urbano de Necochea

Ruido, humo y olor a combustible

Los medios de locomoción eran bicicletas, caballos y carruajes y antes de la llegada del tranvía, según se dice, para hacer el trayecto del pueblo a la playa, se empleaba un carro con toldo y banquitos.

"El primer automóvil que llegó y que vimos pasar por las calles con la consiguiente admiración y sorpresa, fue el del señor Olivera y después otro del doctor Mariano Echegaray, galeno aquí radicado”, recordó allá por los años 30 el docente y escritor Eduardo Escobar.

Se cree que el primer auto llegó en 1911. "Acostumbrados como estábamos a ver nada más que la tracción a sangre, fue un acontecimiento y una novedad sin límites”, señaló Escobar en su libro "Necochea, ciudad progresista y poética”.

El autor, cuya obra es hoy reconocida como una de las principales fuentes de la historia local, escribió que el primer auto "recorría las calles con su fuerte ruido y envuelto en su humo. La polvareda se levantaba a su paso y para hacer un viaje, por ejemplo de veinte cuadras, no se podía precisar con exactitud en cuántos minutos o cuántas horas se podía llegar”.

"Era cosa que a lo mejor había que bajarse repetidas veces a revisar el motor que se le antojaba no seguir marchando”, concluye Escobar.

 

Tres años después

Para 1914, la utilización de este tipo de vehículos ya era habitual. Luego de la apertura del puente, cuyo primer cruce estuvo a cargo precisamente de un automotor (un camioncito Ford de una panadería), los automóviles terminaron por invadir la ciudad y sacaron de circulación a los carros y sulkys todavía habituales en aquellos años.

Las publicidades de la época muestran el furor de las ventas de automóviles. Enrique Riedel y compañía, que tenían su concesionaria en avenida Alsina 144, comercializaban Locomobile 8, Flint 40 y Durant. Este último y Locomobile 8 eran producidos por la empresa creada en 1921 por Billy Durant, un ex ejecutivo de primera línea de General Motors.

En tanto, la Danesa, en 25 de Mayo 273, era la representante oficial de Studebaker, marca producida en Estados Unidos desde 1914, y Garcoyle.

Bosatta, Bosisio y compañía eran los únicos agentes en nuestra ciudad de Ford. Un aviso 1922 muestra un grabado del "nuevo sedán Ford", que costaba 2.985 pesos y tenía ruedas desmontables y arranque eléctrico.

Esta firma también traía a nuestra ciudad los autos Lincoln, que, según la publicidad, era "el mejor automóvil del mundo" y también tenía un valor cinco veces superior al del Ford: "14.900 pesos sobre vagón en Buenos Aires".

Se trataba de un auto de "ocho cilindros bien equilibrados, inmejorable construcción, solidez y líneas perfectas".

Mientras, Castaños y Cía. vendía en nuestra ciudad la línea Chevrolet, que tenía varios modelos, con precios desde 1.595 pesos, el de chasis liviano, a 2.995, el sedán cuatro puertas.

Esta firma también representaba en Necochea a la General Motors y vendía Pontiac, un innovador modelo de 6 cilindros.

En aquellos años, la ciudad era muy distinta a la actual. Los automóviles circulaban por la izquierda, como lo hacían en Inglaterra y todas las calles y avenidas de la ciudad estaban arboladas.

El ejido de la ciudad se concentraba aún alrededor de la plaza Dardo Rocha y entre las otras tres plazas: la de las Carretas, la Isabel La Católica y la ubicada en 74 y 75. Las calles, por cierto, tenían nombre y no número.
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