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Nuestra historia

El sueño del oro negro en Necochea

Se cree que a fines de los 70 se habrían realizado exploraciones en el Río Quequén. Luego la búsqueda se trasladó a 180 kilómetros de nuestras costas. Hoy preocupa la posible explotación de la vecina Cuenca Claromecó mediante fracking

El sueño  del oro negro  en Necochea

Por Juan José Flores

Redacción

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A mediados de 2015 un pedido de informe de un diputado bonaerense sobre el estado de un proyecto para gasificar carbón en la Cuenca Claromecó puso en alerta a toda la región por la posible contaminación que una iniciativa como esa podría generar. El tema resurgió este año, ya que una empresa australiana mantiene en su página web un proyecto para realizar una explotación en la cuenca, que se extiende prácticamente hasta el límite de nuestro distrito con San Cayetano.

En la actualidad la posible extracción de gas mediante métodos que en otros países se han dejado de usar por contaminantes, sin dudas recibiría el inmediato rechazo de la sociedad necochense, pero hubo una época que no fue así.

La posible existencia de petróleo cerca de nuestras costas o, incluso en el Río Quequén, fue un tema que comenzó a generar expectativas a fines de los años 70.

"Diversos trascendidos aseguran con insistencia que se habría detectado la presencia de capas subterráneas ricas en petróleo en la zona de Necochea”, señalaba un artículo publicado en Ecos Diarios el 25 de julio de 1978.

De acuerdo a la nota, se especulaba que "técnicos de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), con la asistencia de geólogos e ingenieros pertenecientes a empresas de capital norteamericano, habían realizado estudios en la ribera del Río Quequén, más precisamente a 8 o 10 kilómetros de la Estación Terminal de Omnibus”. No obstante, se precisaba que "nada ha podido ser confirmado”.

Por aquellos días YPF realizaba exploración submarina frente a la costa de Necochea, a unos 180 kilómetros hacia el sur, en la plataforma General Mosconi.

 

Un extraño avión

Años más tarde, en octubre de 1994, las costas de nuestro distrito volvieron a llamar la atención, esta vez a una empresa estadounidense, que comenzó a buscar petróleo con un avión equipado con tecnología de avanzada para la época.

"Una misión aérea perteneciente a una empresa estadounidense viene llevando a cabo un estudio de prospección de petróleo frente a las costas de Necochea, siendo la aeroestación de nuestra ciudad la base de operaciones para las actividades que se desarrollan actualmente en el mar”, precisaba un artículo publicado el 7 de octubre de ese año.

Las operaciones se realizaban en un avión con singulares características que había despertado la curiosidad de la población, dado que la máquina poseía en su parte trasera –a modo de una prolongada antena- un sensor magnético.

El equipo de técnicos especializados era encabezado por el capitán Jaime Monsalve (canadiense), a quien secundaban como copiloto el argentino Arnoldo Schulschik, el estadounidense Jeff Thomas, que se desempeñaba como operador, y el procesador de datos Peter Moore, también de Canadá.

El grupo trabajaba para la empresa estadounidense World Geoscience, que había sido contratada por una firma multinacional para realizar el estudio.

 

La perforación

Al año siguiente, la empresa multinacional Shell anunciaba que realizaría una perforación marina frente a la costa de nuestro distrito en busca de petróleo. Si bien, no se confirmó que esta investigación fuera derivada de los vuelos realizados por la empresa World Geoscience, muchos pensaron que así era.

El objetivo era realizar una perforación a unos 180 kilómetros de la costa de Necochea, en la cuenca marina del Colorado. Sin embargo, pasó un año y en diciembre de 1996 las exploraciones no habían comenzado.

No obstante, se realizó un nuevo anuncio: en enero de 1997 comenzarían las tareas de Shell e YPF con la instalación de dos plataformas.

Finalmente, en el ’97 comenzó la perforación del pozo Pejerrey X-1, de la cuenca Colorado Marina. El pozo estaba ubicado a 180 kilómetros al sudeste de Necochea.

Pero el sueño del "oro negro” en Necochea duró poco. A principios de 1998 se anunció que la búsqueda resultó infructuosa.

El fracaso se dio en un mal momento para Shell, ya que las ganancias anuales de la empresa habían caído como consecuencia de un bajo consumo de combustible y los magros resultados en la exploración en busca de hidrocarburos.

Junto con sus socios YPF y Agip, Shell registró 3.000 kilómetros de líneas sísmicas y 7.500 kilómetros cuadrados de gravimetría. Además, reprocesó otros 200 kilómetros de sísmica ya existentes en el área en la que, dos años antes, había perforado sin éxito la estadounidense Austin Texas.

 

En la región

Pero cuando todo parecía indicar que la existencia de petróleo estaba descartada en la región, en noviembre de 1998 la empresa Pan American Energy comenzó una nueva investigación, esta vez en la Cuenca Claromecó.

A poco menos de 100 kilómetros de Necochea, muy cerca de Lumb, en el distrito de San Cayetano, la empresa comenzó a explorar las características geológicas del lugar, luego de haber realizado una tarea similar en Paragüil, en el partido de Laprida.

El 4 de noviembre de 1998 se comenzó a trabajar durante las 24 horas en una nueva perforación que rápidamente llegó a los 1.300 metros de profundidad.

Las tareas se desarrollaban en un predio alambrado y vigilado de unas cinco hectáreas pertenecientes a la familia Chiarle de La Dulce.

Rápidamente se amplío el radio de búsqueda a los distritos de Tres Arroyos y Benito Juárez.

Los trabajos en el pozo San Cayetano I, finalizaron luego de tres meses, el 27 de diciembre de 1998. Si bien las muestras se enviaron a Houston para ser analizadas, los resultados nunca se conocieron.

Cinco años después, en marzo de 2003, la empresa Barracas del Sur inició una nueva exploración en San Cayetano, esta vez en cercanías de Ochandio. Antes, entre 1996 y 1998 se habían realizado exploraciones en San Francisco de Bellocq.

Los resultados de estas exploraciones siempre fueron reservados y poco fue lo que se supo de los hallazgos, sin embargo, en 2010 el tema volvió a estar en auge, cuando el gobierno provincial comenzó a dar los primeros pasos para formar el Organismo Provincial de Hidrocarburos y Minerales Afines (Ophyma).

El objetivo no sólo era formar una autoridad de aplicación, sino una empresa pública que interviniera en las etapas de exploración, extracción y comercialización de hidrocarburos.

Fue cuando en toda la región comenzaron a escucharse voces preocupadas por la posible explotación de la Cuenca Claromecó. La única forma de explotar la cuenca vecina a nuestro distrito, era mediante la utilización de fracking, un método con un gran potencial contaminante. Fue así que grupos conservacionistas comenzaron a llamar a la Cuenca Claromecó la "Vaca Muerta de la provincia de Buenos Aires”.

Aunque en 2014 funcionarios de YPF desmintieron la posibilidad de que hubiera interés en el potencial hidrocarburífero de la región, la posibilidad de extracción de gas volvió a resurgir este año cuando se constató que la empresa australiana Delmo tiene en su sitio web un proyecto Claromecó Energy para llevar adelante esa explotación.

Si bien nunca se encontró petróleo en el distrito de Necochea, la explotación en la región puede tener graves consecuencias, no sólo para la cuenca, sino para toda la zona.
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