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Nuestra historia

El viaje irrealizable

En 1981 un grupo de jóvenes decidió recorrer todo el curso del Río Quequén desde su nacimiento hasta la desembocadura. Otros habían fracasado en esa empresa

El viaje  irrealizable

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A pesar de su paisaje bucólico, llano, horizontal, de enormes extensiones de verde aplastadas por el casi infinito celeste del cielo, el territorio necochense ha sido escenario de algunas legendarias aventuras u hogar de algunos aventureros que han dejado su marca en la historia local.

La semana pasada recordábamos precisamente a José Cardiel, el jesuita que más de 130 años de la fundación de nuestra ciudad recorrió estas tierras y dejó registro de su paso por Médano Blanco, las Grutas, Punta Negra y el Río Quequén.

Estas tierras también fueron el punto de partida de uno de los más grandes desdichados aventureros del Siglo XIX, el joven francés Auguste Ginnard, quien desde aquí salió en 1856 hacia Buenos Aires, a pie, y fue capturado por los aborígenes y vendido como esclavo.

Mucho más cerca en el tiempo, Necochea fue uno de los pueblos en los que Guillermo Jauregui, más conocido como "El Vasco de la Carretilla”, un obrero que por una apuesta había decidido viajar desde la Patagonia hasta Buenos Aires a pie.

Necochea también es el hogar de uno de los más grandes aventureros del Siglo XX: Jorge Iriberri, integrante de la tripulación de la balsa Atlantis, que en los 80 intentó probar que 3.500 años antes de Cristóbal Colón, navegantes africanos pudieron haber llegado por accidente a las costas de América conducidos por específicas corrientes marinas.

Menos conocidos, pero no por ello menos arriesgados, son cuatro jóvenes que decidieron realizar un viaje hasta entonces inédito por uno de los accidentes geográficos que más nos identifican: el Río Quequén.

"El viaje es irrealizable. Nunca nadie lo pudo completar”, les dijeron. Y al segundo día de viaje, ya parecía que no podrían cumplir con el desafío.

Marcelo Ovadía, Juan Piergentile, Gabriel Bustos y Claudio Spaltro se propusieron realizar aquella aventura a principios de 1981, en el centenario de la ciudad. Pensaron que sería fácil, que el viaje les llevará sólo unos días, pero se convirtió en toda una odisea. Tardaron 10 días en recorrer los 250 kilómetros de extensión del río, conocieron lugares que jamás había siquiera imaginado que existieran en nuestro partido y afrontaron el desgaste de la convivencia.

Meses antes, dos jóvenes tenían ganas de embarcarse en una aventura por las aguas del Río. Pero ni siquiera se conocían. Un día Juan Piergentile (22 años) se encontró con Claudio Spaltro (19). Ambos se conocían del servicio militar y Claudio sabía de la idea de Juan sobre navegar por el Quequén. Le dijo que conocía a otro joven que tenía la misma idea: Gabriel Bustos, de 20 años.

Poco después, Juan y Gabriel se encontraron, se presentaron y comenzaron a hablar de realizar juntos el raid. Poco después se sumó Claudio Spaltro y otro amigo suyo: Marcelo Ovadía (19).

 

Una travesura

La aventura se inició como una travesura juvenil. Los integrantes de la expedición se reunían en Fontenai, después de comer y empezaron a anotar todo lo que íbamos a llevar en el viaje.

Hablaban de los elementos que necesitaban para emprender el raid, pero lo hacían sin mucha conciencia de las dificultades que enfrentarían.

A través de un tío de Juan, consiguieron las dos canoas, que pertenecían al Rowing Club, y comenzaron a realizar un leve entrenamiento para estar en forma.

La idea de hacer el viaje en adhesión al Centenario de Necochea, se debió a la necesidad de conseguir el sponsoreo de la Municipalidad. Pero finalmente no recibieron apoyo oficial y la mañana del 8 de noviembre llegaron en una camioneta hasta la Colonia Juan de Garay, en el partido de Benito Juárez, donde se unen el Arroyo del Medio y el Ye Huincó y nace el Río Quequén.

Alrededor de las 11 de la mañana, metieron las canoas al agua y comenzaron la aventura. En realidad, en ese lugar el río era tan bajo que en partes debían cargar las canoas.

En otros lugares el cauce era muy estrecho y las barrancas casi se juntaban. En el primer día de viaje, Ovadía, Piergentile, Bustos y Spaltro se encontraron con un Río Quequén que nunca habían imaginado: salvaje, inexplorado y sorprendente.

La primera noche, cuando se dispusieron a dormir se llevaron una desagradable sorpresa. Ellos, en su entusiasmo, ni siquiera habían abierto la carpa que les prestaron, por lo que no sabían que era muy pequeña para cuatro hombres.

Ese sólo fue el primer inconveniente. Al cuarto día a Marcelo se le empezaron a hinchar las piernas como consecuencia de las quemaduras de sol. Luego le pasó lo mismo a otro de los integrantes del grupo.

Pero no todas fueron malas. El grupo había informado a la radio que iba a hacer el raid para que la gente del campo estuviera enterada y no fuera sorprendida por la presencia de desconocidos en el río.

Una maestra que había escuchado la noticia los vio desde un colectivo a la altura de Puente Blanco y avisó a la radio local. Fue así como los periodista de un periódico marplatense llegaron hasta el lugar para hacerles la primera entrevista. La noticia comenzó así a difundirse en todo el país a partir de ser reproducida por una agencia de noticias nacional.

El paisaje deslumbrante, poblado por carpinchos, víboras, gallaretas, ranas y aves de la región, comenzaba a tornarse rutinario y comenzaron a surgir los problemas de convivencia.

En esas circunstancias, las cosas parecieron complicarse aún más con la rotura de una de las canoas. Fue antes de llegar a Las Cascadas, en uno de los saltos de agua.

Sin embargo, estaban decididos a llegar. Repararon la canoa con fibra de vidrio, cargaron todo en la otra lancha y siguieron viaje. En Las Cascadas ya había gente esperándolos. La última jornada fue bajo la lluvia y llegaron al Rowing Club el miércoles 18 de noviembre, a las 18.30.
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