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Nuestra historia

Nuestro balneario ante otra realidad

Una publicación nacional destacaba en 1934 las características de Necochea un lugar ideal para descansar del trajín de las grandes ciudades y remarcaba el potencial del puerto local

Nuestro balneario  ante otra realidad

Por Juan José Flores

Redacción

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"Necochea reúne condiciones excepcionales como lugar ideal de descanso en temporada de verano”, señalaba un extenso artículo publicado en 1934 por una revista turística de tirada nacional.

"Su hermosa y amplia playa, su clima apacible y las comodidades de sus hoteles, ofrecen al turista o al simple veraneante atracciones naturales de diverso orden”, precisaba la nota.

Hacía sólo dos años que Necochea había cumplido 50 años y se encontraba lejos de ser una gran ciudad. Sin embargo, era precisamente su aire provinciano y su tranquilidad lo que atraía a los turistas.

No obstante, en aquellos años Necochea se encontraba en una etapa de transición, como lo señalaba la revista El Cicerone Universal. "Quien haya conocido a Necochea hace sólo cinco años y la visite hoy, la desconocerá y quedará asombrado; la confundirá con cualquier gran ciudad de la República”, precisaba.

La publicación destacaba la gestión del intendente José Pucciarelli y las obras realizadas en unos pocos años: "La Rambla Municipal, inconclusa y desmantelada, ha sido coronada por un regio y monumental edificio, que se destaca por sus severas líneas arquitectónicas, por su elevada altura y amplio volumen y que ha dado instalación a muchos comercios, hall de abrigo, Sala de Primeros Auxilios y otras dependencias”.

También destacaba la construcción del pavimento de la Diagonal en toda su extensión, el adoquinado de la avenida Pellegrini y de la Figueroa Alcorta hasta el Puerto.

Por otra parte, menciona la belleza de la Plaza Dardo Rocha "con sus parques de estilo inglés y sus árboles frondosos; la creación de un Vivero que es un verdadero encanto por la colección de plantas de todas las especies y la simetría de trazado; las refacciones del Palacio Municipal y de su salón de fiestas, que es a no dudarlo, de alta distinción; la ornamentación del pórtico de entrada al Cementerio, obra de fino gusto que lo ha transformado completamente”.

 

El balneario ideal

En aquellos años se registraba a nivel mundial una tendencia turística que llevaba a la gente a escapar de las grandes ciudades y buscar lugares más tranquilos para descansar.

 

 

"Los grandes balnearios, en los que se renuevan las mismas características, de los grandes centros urbanos, van siendo abandonados para ser reemplazados por otros más modestos, menos ruidosos”, indicaba la nota citada.

Y consideraba por ello que "Necochea es la expresión más genuina como lugar de veraneo. Aparte del ambiente tranquilo de su población, de la comodidad, sin innecesario lujo, de sus establecimientos de alojamiento, puede ofrecer al bañista una playa natural excepcional bajo todo concepto. No en vano la última temporada se volcó sobre esta ciudad un extraordinario contingente de veraneantes”.

La descripción realizada por el artículo de la Villa Díaz Vélez parece hoy legendaria: "Elegante y coqueta, salpicada a todo viento por casitas primorosas, chalets de artísticos gustos, calles limpias y, como pregones de una cercana grandeza, asoman sus enhiestos cuerpos los monumentales hoteles, hasta de siete pisos, que son dentro de su preponderante misión como casas de salud, por cuyos altos ventanales la brisa marina entra a ráfagas llenas, saturando de iodo los pulmones”.

 

El puerto

Se destacaba también a la ciudad como centro operaciones agrícolas de la región: "Un renovado contingente de buques de ultramar que atiborran sus bodegas con los cereales de más alta calidad nacional y Necochea ofrece simultáneamente el anverso y reverso de las actividades sociales”.

La nota precisaba que en aquella época "se exportan ya 500.000 toneladas de cereales, cantidad que se duplicará en cuanto se amplié” la estación marítima.

Entidad promotora

Por otra parte, la publicación hace mención a una entidad hoy olvidada, el Centro Pro-Necochea, que funcionaba en la Capital Federal y que era formada por empresarios y personas vinculadas a la ciudad.

Esa agrupación fue creada con el objetivo de impulsar a Necochea como destino turístico y desde su creación contó con el apoyo del poder municipal, de la Empresa del Ferro Carril del Sud, del comercio y la industria necochense

La comisión era presidida por Belisario Alvarez de Toledo. Era vicepresidente primero Fortunato Zabala Vicondo; vicepresidente segundo, el comandante Luis J. Schenone; secretarios Juan B. Romeo y Angel Pisani; tesorero Domingo E. Raffo y protesorero Ramón Moller.

Vocales: Carlos A. Pueyrredón, Alejandro de Ortuzar, Humberto Marino, Pedro Adámoli, Pedro J. Baiocco, Fernando Arzeno, Alejandro Nava, Francisco Di Lorenzo, Edmundo Deferrari, Pedro Fernández Núñez, Bartolomé Garré y Juan Goenaga.

Vocales suplentes: J. C. Villegas Basabilbaso, Juan J. Griffi, Osias Schipman y Próspero Capdeville.

Revisores de cuentas: Juan C. Zabala, Dionisio Oribe y Luis Arigotti. En tanto, Tomás Bilbao y Pedro Cardenau formaban la comisión honoraria.
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