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opinión

La libertad presa del delito y la sociedad enferma de pánico

No damos abasto con el alto impacto que los delitos provocan día a día como enfermedad silenciosa agazapada en nuestro cotidiano, naturalizando como 'lo de siempre' y corroyendo nuestra libertad

La libertad presa del delito y la sociedad enferma de pánico
Por Marcela Dal Verme (*)

Hace pocos días, "Brian mató a Brian" fue la tragedia que nos dejó perplejos. Uno tras otro los delitos y hoy amanecemos con "garantismo o mano dura". Una nueva distorsión de palabras por conceptos mal entendidos o cooptados por los "canallas" de siempre para confundir nuestro inconsciente colectivo.
Vamos de a poco, pero pongamos en claro lo que penetró en la sociedad en los últimos años.
Las garantías de Justicia velan por el debido proceso como un principio legal por el cual el Estado debe respetar todos los derechos igualitariamente, aun en las personas que quebraron la ley y el orden institucional o constitucional.

Sin garantías
No hubo garantías que legitimaran los juicios en dictadura que discrecionalmente decidían la vida de todos nosotros. Por entonces, Eugenio Zaffaroni, juez en dictadura, ni al Habeas Corpus reconocía como desesperada manera de pedir por los nuestros.
El garantismo, usando el sufijo -ismo, es el exceso de garantías subjetivadas que proponen abolir la pena desde la propagación de alguna ideología con fines dirigidos, nunca protectores, por entonces llamado "garantoabolicionismo". Autor de esta ideología fue el mismo juez que antes había sido de la dictadura.
¿Por qué "abolición de la pena"? Porque con la misma línea de pensamiento, la puerta giratoria es el acto demagógico más canalla de los que tengamos recuerdo y el populismo avanza.

"Garantismo o mano dura"
Es momento de hablar con, al menos, propiedad: "Garantismo o mano dura" es salvaje y una vez más inapropiado el uso de las palabras. Qué se pretende decir con "mano dura": para nuestra memoria, se asocia al Estado asesino que nos amedrentó, torturó y nos hizo desaparecer por años en nuestra querida patria.
Hoy necesitamos Justicia justa y vivimos en democracia. No es sinónimo de mano dura. Pero lamentablemente desde la puerta giratoria y los conceptos manipulados de derechos humanos y la Justicia con abolición de la pena, todo lo que no es del populimo vernáculo es pedir mano dura, es dictadura y autoritarismo.
Si el Estado tiene una deuda con la sociedad, es reduccionista decir que es la pobreza o la indigencia, es también porque no ha creado los mecanismos básicos, en cuestiones de delito, de estructuras de reinserción social en cárceles o institutos de menores para que el tiempo de reclusión no sea una escuela acelerada de nuevos y peores delincuentes, sino el lugar donde alguien tenga la real posibilidad de volver a ser digno, con una ética que tal vez nunca le fue presentada.
Más delito es más pobreza y viceversa, pero no se soluciona con planes sociales, sino con programas de tratamientos psicológicos que atiendan el trauma de haber matado tempranamente cuando había que estar jugando.

Imputabilidad en discusión
La imputabilidad está en discusión. La demagogia otra vez en danza; los pusilánimes que no quieren hablar con palabras correctas.
Los países del mundo así lo demuestran y tenemos para elegir aquellos que nos gustan y los que nos disgustan, pero todos con menores delincuentes detenidos donde y como corresponda para su recuperación psicosocial.
Para nombrar un caso: en Inglaterra, secuestro, tortura y asesinato de James Bulger, de 2 años a manos de dos niños de 10 años. Edad de imputabilidad: 10 años. Puede horrorizar este caso, pero no puede dejar de llamar la atención que el ser humano no cesa de sorprender hasta la perplejidad.
Entonces, si la inseguridad dejó de ser una sensación, si no somos más un país de tránsito en lo que a narcóticos se refiere, la imputabilidad debe ser modificada, porque la delincuencia se modificó.
Para que esto no sea un título de campaña, el Estado debe transformarse en agente de salud para que las garantías estén dadas en el tratamiento imprescindible de un niño que asesina en el lugar que sea asignado para su recuperación y su posterior y prolongado seguimiento.
Lo que con seguridad no puede ocurrir es que sea el asesino abandonado a su suerte personal, seguramente muy escasa y camine en libertad en busca de nuevas víctimas, ya que si la "conciencia del mal" (Fernando Ulloa) es un rasgo humano, sin duda la reincidencia es el destino inevitable.

Asesores de salud mental
Lo que no se cura se agrava, no desaparece por desmentida política. A las autoridades les hacen falta asesores de salud mental que integren Justicia justa con simultáneos programas de asistencia psicológica y posterior reinserción social.
Las cárceles como aguantaderos de delincuentes o corrupta policía carcelaria; no serán guarderías infantiles porque las pinten de colores para los menores. También hay países donde las cárceles no están ocupadas y se busca un destino nuevo a esos edificios. ¿Dónde? En Holanda, por ejemplo. Programas de reinserción social y tratamiento del consumo de drogas desde hace 30 años. Edad de imputabilidad: 14 años.
Sabiendo que estamos ranqueados con el índice de imputabilidad más alto del mundo: 16 años. ¿No sería una expectativa del macro contexto social velar por las víctimas de delitos salvajes más que seguir discutiendo por un voto?
 
(*): Psicoanalista. Integrante de la Usina de Justicia.

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