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mirada urbana

Adolescencia, la etapa que más temores despierta en los padres

Supone un nuevo reto en la educación, que amerita un diálogo familiar para evitar situaciones de rebeldía o conflictos sociales

Adolescencia, la etapa que más temores despierta en los padres
Alexia Barchigia
Redacción

"Disfrutalos ahora porque, cuando lleguen a la adolescencia, se acabó”. Advertencias como ésta unidas a la imagen social que se tiene de los adolescentes como irresponsables y rebeldes, hacen que a muchos padres se sientan en alerta cuando sus hijos inician la pubertad. Los hijos adolescentes suponen un nuevo reto en la educación. Padres de nuestra ciudad que se encuentran explorando este camino, manifestaron sus temores, inseguridades, y anhelos. Aunque los hay, es raro el padre que no se enfrenta a la adolescencia de sus hijos con preocupación, porque tal vez sea más difícil que ser adolescente, ser padre de un adolescente. 
La adolescencia es una etapa tumultuosa. La niñez queda atrás pero la edad adulta aún está lejos. A los cambios físicos se unen una serie de transformaciones psicológicas, sociales e intelectuales que conducen al joven a un permanente estado de ansiedad. Crece en la confusión y las contradicciones; está tratando de forjar su propia identidad y alcanzar la independencia. Pasar de la seguridad de la infancia a asumir cada vez más responsabilidades es todo un reto que se traduce en una nueva forma de relacionarse con sus padres.

"No podés ir contra la corriente”
Silvina Kuhn es madre de cinco varones, de 22, 20, 18, 17 y 12 años, lo que la convierte en una experimentada en el crecimiento adolescente. En cuanto a los permisos, ella afirmó ser "muy relajada”, no sólo en este momento, sino desde que tuvo a su primer hijo. "Siempre les expliqué que en la calle se pueden encontrar con todo tipo de cosas, y nunca tuve problemas”, afirmó Kuhn. Además, tienen ciertas reglas como por ejemplo, avisar ante una demora; después, las clásicas previas están permitidas, "porque no podés ir contra la corriente, y así no tuve problemas de ningún tipo”. Algo positivo que se da en Necochea, es que los padres suelen conocer a los amigos de sus hijos y sus familias, por lo que se genera cierta familiaridad. Y son muchos los padres que brindan sus casas para las reuniones, ya que se sienten más seguros de esa manera. "Más que tomar algo de alcohol no hacen, y creo que cuanto más les prohibís peor es”, indicó Kuhn. 
Sus hijos concurren a un colegio público, están en contacto con muchas realidades diferentes, pero no han copiado malos hábitos, indicó la madre, acotando que para ella "la base está en la familia”, que debe generar un ambiente sano.
En cuanto al acompañamiento a la hora de decidir qué carrera estudiar, ella intenta estar presente para guiarlos y ayudar a que hagan su camino, afirmando que "para ser alguien tenés que estudiar”, aunque el trabajo desde chicos es algo favorable, lo que les inculcó a su hijos. 
"Yo siempre les digo que se cuiden y hay profilácticos en toda la casa”, sostuvo Kuhn, con una actitud atenta pero no preocupada, aunque reconoció que sería diferente si tuviera una nena. Y como prioridad, siempre se habla todo en familia. 
Clementina Nicolás. Acompañada por sus padres Gustavo y María
Fernanda

Apoyar y acompañar
Gustavo Nicolás tiene una hija de 17 años, Clementina, que ya empezó a estudiar en La Plata. Anteriormente, mientras vivía en nuestra ciudad, y comenzaba con las salidas, tanto él como su madre, sintieron la preocupación lógica de todo padre cuando una hija adolescente empieza a tener actividades nocturnas, por las cosas que pueden pasar. De todas maneras, el hecho de que saliera con sus compañeras de colegio y su grupo de amigos a los que ya conocían, servía para atemperar los miedos. "Te da tranquilidad saber con las personas que se junta tu hija, pero no te asegura que pueda estar involucrada en algún episodio”, resaltó. 
En relación a la orientación a la hora de comenzar los estudios luego del secundario, como padre "uno se ve en la obligación de apoyar y acompañar”, indicó. 
Aunque en Necochea la seguridad no está por completo garantizada, como un ningún otro lugar, "es mucho más tranquilo para los adolescentes, y tiene otras características que los centros urbanos más poblados”. Un adolescente, para realizar actividades y compartir distintos ámbitos con amigos, encuentra en nuestra ciudad el ámbito apropiado. 
María Fernanda Rodríguez Olivera es la madre de Clementina. Aunque están separados, mantienen un muy buen vínculo, y suelen estar de acuerdo en las decisiones que incumben a su hija. En relación al uso de Internet, "desde que tienen su propio teléfono es imposible controlarlo”, manifestó; antes, tenía horarios para conectarse, y estaba mucho más vigilada. 
"Siempre le di libertad y confianza, y es una chica muy responsable”, manifestó Rodríguez. Además, tiene un grupo muy unido, el cual le genera seguridad, sumado a "los principios que venimos enseñándole desde chica”. Para ella, cuando empiezan a elegir las amistades, hasta ahí llegan los padres; en su caso, juegan a su favor, porque ven que su hija y amigas se cuidan entre ellas y nunca se han dejado solas. Muchas previas fueron su casa, lo que le generó seguridad, y la posibilidad de conocer los códigos del grupo. 
En este momento, que su hija estudia en La Plata, Rodríguez la alertó sobre los posibles peligros de una ciudad nueva, no por falta de confianza, sino por prevención ante un desconocido. "Nunca está de más repetir las cosas, por más que te digan que sos una pesado”, expresó, como temor clásico de toda madre de una adolescente.  
María José Palacios. Junto a su hija mayor, María Azul
 
Hablar y confiar
Verónica Belacín es madre de dos hijas. Para ella, una de las preocupaciones más grandes, tiene que ver con las salidas, porque es el momento en que se pone a prueba todo lo sembrado hasta el momento. "Por más que uno le inculque y enseñe lo mejor, siempre tenés miedo, no por ellas, que les tengo confianza, sino por los otros”. Cuando sale con amigos, Belacín recurre a llamar por teléfono, sobre todo cuando sale con alguien nuevo. "Van ampliando su círculo, y uno trata de saber quiénes son y sus familias”. Ahora, una de sus hijas comenzó una relación con un chico, "lo que es más escabroso”, indicó, por lo que intenta mantener un diálogo, para estar cerca y acompañarla.
Para ella, la confianza es fundamental, "sino no podés vivir”, destacó. Ahora, le queda esperar a la etapa de las salidas nocturnas, y luego ver qué carrera seguirán después del secundario, para lo que tanto ella como su marido intentan estar siempre presentes, hablar, y que sus hijas se sientan respaldadas.  
María José Palacios tiene cinco hijas, de 16, 10, 7 y mellizas de 4 años. "Soy de estar, y no me gusta todavía que anden solas”, manifestó. La más grande suele concurrir a fiestas de amigos, pero no sale a boliches, ya que forma parte de un grupo de chicas bastante tranquilas. 
"Charlamos de todo libremente”, expresó, incluso temas como drogas y alcohol, sin solemnidad, porque se convirtió en algo cotidiano, y para ella sirve más descontracturar las charlas. 
Los novios, son un tema aparte, "si eligieran estar con alguien se respeta, pero es delicado”, sostuvo, además de que si viera algún cambio negativo, intentaría involucrarse, aunque sin prejuzgar. 
En relación a estudiar fuera de la ciudad, Palacios sostuvo que las apoyaría en lo que decidan. En cambio, manifestó que "el celular es lo más peligroso” y no se tiene ningún tipo de control, y se podría ser víctima de alguien perverso, por lo que les advierte de no profundizar en charlas con quienes no conoce ni pactar citas. 
 
Fortaleza versus limitaciones
Tomando como referencia estudios psicológicos, se dice que el adolescente piensa en términos de futuro y en las enormes posibilidades que se abren ante él cuando los padres empiezan a evaluar el tiempo que les queda y las oportunidades perdidas. Los hijos van ganando fortaleza mientras los padres empiezan a ser conscientes de sus propias limitaciones. Sobre todo porque con la pérdida de poder llegan también el agridulce sentimiento de no ser ya necesario y una cierta sensación de pérdida. Habituados a dirigir y organizar la vida de los hijos sin que hasta entonces nadie haya cuestionado sus decisiones, los padres del adolescente tienen que vérselas con alguien que no solo se rebela contra ellos sino que, a veces, parece disfrutar llevándoles la contra. Pero es fundamental no perder la perspectiva, porque una parte importante del desarrollo del adolescente consiste precisamente en separarse de sus padres, lo que se manifiesta en continuas discrepancias y una necesidad de pasar menos tiempo con ellos en beneficio del grupo de amigos, cuya influencia va ganando terreno en detrimento de la de los padres.
Los padres, especialmente los que se han dedicado en cuerpo y alma a sus hijos durante su infancia, pueden experimentar un sentimiento de pérdida cuando los niños dejan de serlo. Los hijos van necesitándolos menos y retándolos más, y ese es un momento para ocuparse también de ellos mismos. 
En el proceso de separación de sus padres, los adolescentes pueden mostrarse irascibles, pero de los padres depende muchas veces canalizar esa ira para que la expresen de forma no agresiva, tratando de indagar en los sentimientos que se esconden tras su actitud.

Consejos Útiles
-No transmitir el propio pánico a los chicos
-Darles confianza en sí mismos
-Tener en cuenta que si se los critica siempre (sobre los amigos o la moda), los chicos se sienten rechazados
-No aislarse en relación a los otros padres
-Establecer reglas que se cumplan; que llamen para decir cómo están, por ejemplo
-Las salidas o libertades no tienen que ser intempestivas sino paulatinas

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