15°Actual Min 13° Máx
el comentario

Brindar la oportunidad para una educación superior

María D. González - Redacción

Brindar la oportunidad para una educación superior
Empezar una carrera y terminar con el diploma en la mano es el sueño que no logran cumplir todos los  jóvenes que comienzan estudios terciarios o universitarios en instituciones de Necochea. 
Según una nota publicada en Ecos Diarios el lunes pasado, en el Instituto de Formación Docente y Técnica Nº 31 es aproximadamente el 20% de los estudiantes el que abandona una carrera por algún motivo, en cuanto al Instituto 163 el índice de deserción ronda entre el 30 o 40%  y en la sede quequenense de la Unicen llega al 40%.
La formación terciaria o de grado de algunos estudiantes se ve interrumpido por razones diversas como las económicas, familiares, dificultades académicas o vocacionales, entre otras.
Los mayores índices de deserción están dados en el primer año, situación que no es propia de nuestra ciudad sino que se repite mayoritariamente en cualquier   institución del mundo,  y  cómo  reducir las cifras de abandono se convierte en una  prioridad en ámbitos educativos porque esta situación no es solo un mal gasto para el Estado y las familias sino un gran costo de oportunidad para los estudiantes. Por este motivo, la deserción se ha convertido en un  fenómeno que es necesario abordar para que cada vez más chicos accedan al conocimiento y a la posibilidad de armar un proyecto de vida.

Cambio de paradigma
 "La deserción es un tema complicado en una universidad, sobre todo en el primer cuatrimestre”, explicó la directora de la sede de Quequén de la Unicen, Marcela Mastrocola.
Entre los factores que llevan a esta decisión de abandonar, destacó por encima de los demás al hecho de que el alumno debe afrontar un fuerte cambio de paradigmas con respecto al secundario. "La mayor parte de los que abandonan tienden a tener cierta dificultad de acceso al conocimiento que genera una equivocada idea de fracaso. Esto tiene que ver, en parte, con la falta de una sólida preparación previa para entender el idioma”, indicó Mastrocola. La directora detalló que están trabajando desde hace un tiempo con los alumnos del último año de las escuelas técnicas para compartir clases con alumnos y profesores de la universidad, para ir generando una adaptación. "La universidad tiene sus propios códigos y son muy distintos al secundario”, agregó. 
Para contribuir a disminuir la baja es necesario trabajar mucho más en el proceso de ingreso de los alumnos a la universidad y tratar de comunicar exactamente cuáles son las incumbencias de cada carrera. Tal vez, si los estudiantes estuvieran más al tanto de los contenidos, no se sorprenderían tanto cuando se encuentran con la realidad universitaria. La forma de disminuir la deserción, en ese caso, tiene que ver con un mayor trabajo de orientación vocacional: hay que encontrar instancias de integración entre el secundario y la universidad para que no haya una diferencia abismal entre lo que el chico espera y los que termina recibiendo. Esta tarea no debería ser responsabilidad absoluta  de las universidades y terciarios, sino también de los colegios secundarios para evitar ese bache de información  que, en definitiva, termina perjudicando al alumno, a su presente y a su futuro.

Nuevas exigencias
Desde las instituciones formativas aseguraron que el abandono también tiene que ver con otros motivos ajenos a la elección y que están más relacionados al nivel de exigencia con el que se encuentran en la facultad o con la reacción ante situaciones de presión como los exámenes. 
"Algo que les cuesta mucho, por ejemplo, es el manejar la autonomía ya que en el secundario estaban obligados a asistir y había un preceptor que los controlaba. El que no logra entender que la responsabilidad debe ser igual o superior a la etapa anterior, es el que se atrasa en los contenidos, no entiende las explicaciones y termina en la frustración que lo lleva a abandonar. Es un proceso difícil pero también es un camino a la adultez que deben aprender”, explicó Mastroccola.
En este sentido, un buen mecanismo para evitar la deserción es poner especial atención en los docentes de los primeros años, que deben entender y atender ese salto que significa pasar del colegio a la universidad. 
"El primer año de carrera es clave, cualquier profesor no puede estar al frente de un primer año, hay que elegir muy bien el perfil. Los docentes deben saber ofrecer clases de consulta y un trabajo de acompañamiento en ese proceso de adaptación que no siempre se llega a lograr en el curso de ingreso”, aseguró Marcela Mastrocola. 
Ante tal panorama, la permanencia de un estudiante en los espacios educativos debería ser una prioridad para un Estado convencido de que el conocimiento es el motor del desarrollo humano y comunitario. Por lo tanto, es urgente generar las herramientas necesarias para que cada vez más jóvenes tengan acceso a una educación superior que les permita no sólo formarse como personas y profesionales sino también que les brinde la oportunidad de desarrollar un proyecto de vida.///

Comentarios

Necochea // Argentina - Copyright 2016 · www.ecosdiariosweb.com.ar