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Responsabilidades frente a la pobreza

Por María D. González - Redacción

Responsabilidades frente a la pobreza
Tal como Ecos Diarios informó en su edición de ayer,  un grupo de vecinos está preparando una manifestación frente a la Municipalidad para el próximo 3 de abril, a partir de las 10, que incluirá una marcha por el centro, con el objetivo de solicitar vivienda.
La intención  es que los reciba Facundo López para que tome nota de sus necesidades y propuestas. "Queremos que nos den la posibilidad de tener una casa mejor, que podamos pagar en cuotas o levantar a través de un plan de autoconstrucción”, explicó el vecino Marcos Fernández, quien mora en una construcción de chapa.
Fernández  señaló que, según el registro que hizo la Asociación Civil Jóvenes por el Pueblo , que él integra,  hay más de 100 casas de chapa en Necochea y Quequén aunque se estima que habría más. Entre los sectores más complicados mencionó a 108 y 67, el barrio 200 Viviendas, 51 y 116, Plan Federal Nº 8 y la zona frente a la Terminal de Omnibus, además de distintos puntos de la periferia de Quequén. 
En la mayoría de los casos, viven parejas con chicos o mujeres con hijos.
Según la Municipalidad, el déficit habitacional abarca a unas 3.000 familias.
La paralizada construcción de barrios y la no calificación de una buena porción de la población a los requisitos de los créditos bancarios fueron agudizando la problemática en los últimos años. 
Con recorrer algunas barriadas , uno se da cuenta de la manera que se ha expandido algo que en nuestra ciudad hace 30 años era difícil de encontrar y solo aparecía aisladamente, viviendas muy precarias, algunas con piso de tierra, con nylons por ventanas y otras directamente construidas con chapas.  
El fenómeno no es una singularidad necochense sino que abarca a un país que cuenta con 13 millones de personas bajo la línea de la pobreza. Hace unos días El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) informó que la pobreza pasó de 29% a fines de 2015 a 32,9% en el tercer trimestre de 2016. 
En el mismo período, la indigencia pasó de 5,4 a 6,9%. Este último es el peor dato desde 2010, cuando la UCA comenzó su medición. Hoy hay 2,7 millones de personas por debajo de la línea de indigencia.
Sin embargo, el dato más preocupante tal vez es el que involucra al futuro del país, el 48,8% de los niños en la Argentina son pobres.
En esos fríos  números están representadas familias de nuestra ciudad que, muchas de ellas, llevan ya dos generaciones o más sin un trabajo fijo  y  alimentándose en comedores. Y eso lo sabemos todos y lo  más grave es que tendemos a naturalizarlo, a repetirlo como loros sin hacernos cargo y sin siquiera comprometernos de manera empática con el vecino que sufre esa situación. La empatía no es ayudar al otro, según dijo Facundo Manes en su charla en nuestra ciudad, sino consustanciarse con el dolor del prójimo, sentirlo propio. Y ese tipo de compromiso parecería que  falta en casi todos pero principalmente en quienes han tenido y tienen mayor responsabilidad en el diseño y ejecución de políticas públicas destinadas a modificar no solo la estadística sino las vidas humanas que hay detrás de esos números. "El concepto de empatía resulta clave para abordar cuestiones sociales. Porque si podemos desarrollar de manera creciente nuestra experiencia empática, es probable que lleguemos a comprender lo que piensa y siente el otro y convivir así más pacíficamente”, señaló el neurocientífico Manes.
La pobreza es un concepto multidimensional, no atiende sólo aspectos económicos, sino que también incluye aspectos no materiales y ambientales.
Implica no tener la oportunidad de vivir una vida sana, creativa y disfrutar de libertad, dignidad, respeto por sí mismo y de los demás.
A la pobreza también se la puede definir como la situación que afecta a las personas que carecen de lo necesario para el sustento de sus vidas, es decir que no pueden satisfacer sus necesidades básicas primordiales.
Los pobres quedan al margen de un sistema que los mira con recelo y los excluye de todos los beneficios de la vida moderna, ante la mirada indiferente de una gran mayoría que, como dijimos,  tiende a naturalizarlos.
En nuestro país los pobres estructurales continúan viviendo en asentamientos marginales, villas miseria, conventillos, debajo de los puentes, casas o barrios tomadas pese a que el PBI aumentó en los últimos años.
Desde el Gobierno nacional se suele escuchar que, por lo menos, ahora tenemos conciencia del problema y cabe preguntarnos también en qué consiste y hasta donde llega esa conciencia. Si el debate se limita a discutir estadísticas técnicas no se estaría asumiendo una real dimensión de la situación. Y en este sentido los municipios tienen una importante tarea que está ligada con la ventaja que les proporciona conocer el territorio, identificar a sus actores y conocer las variadas dinámicas y particularidades de su población en situación de pobreza y marginalidad. 
Un municipio más que encauzarse en el genérico "luchar contra la pobreza”, lo cual así definido se parece más a una utopía que a un objetivo a cumplir, debería encaminarse a resolver los problemas concretos de los vecinos en esa situación: la falta de vivienda o de infraestructura urbana, la discriminación espacial, la marginalidad juvenil; la desnutrición infantil; la dificultad para acceder a la salud o a la educación o al empleo. 
En caso de asumir este desafío lo será desde políticas superadoras y no de coyuntura , útiles para apagar los incendios y generar condiciones mínimas de subsistencia  pero ineficaces para reconstruir el tejido de una sociedad de verdad inclusiva. 
Sin duda que es todo un desafío que también abarca a sectores de la sociedad civil y no solo al Estado pero es éste el que debería tomar la iniciativa y ejercer un liderazgo con visión de futuro convencido de que no hay desarrollo local posible sin inclusión.///

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