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Que la magia siga

Por María D. González - Redacción

Que la magia siga
Cuando hay una decisión política clara, una idea, un equipo humano capacitado y comprometido y recursos para llevarla a cabo, es raro que el resultado no sea favorable. Todas estas variables se juntaron y funcionaron de manera tal que el desfile inaugural de la 56° edición del Festival Infantil sorprendiera como hacía años no lo hacía.
Niños y adultos quedaron boquiabiertos ante la producción de las comparsas y carrozas que aparecieron con innovadoras propuestas de luces, sonido, movimiento, vestuario y maquillaje  luego del paso de las instituciones. 
A diferencia de otras ediciones donde cada institución era responsable de su carroza o comparsa, en esta oportunidad Cultura se hizo cargo del diseño, producción, armado y dirección e invitó a diferentes asociaciones, iglesias, clubes, etc. que se sumaron a su proyecto. Fue así que se armó un equipo de 100 personas que cosieron, soldaron, pintaron  y armaron todo y de 230 actores que participaron de la performance de sonido, actuación e iluminación que pudo apreciarse el jueves pasado en las inmediaciones del parque Lillo. 
"Propusimos una temática, el bosque y el mar, y nos pusimos a trabajar hace más de 3 meses”, señalo Gustavo Sunino, director de Cultura. Según adelantó, la idea es continuar y profundizar esta modalidad en la que el área municipal a cargo del Festival dispone de un equipo de producción que trabaja todo el año en pensar y diseñar lo que luego será el desfile y su armado. 
"Probamos si de esta manera podíamos levantar el desfile y contagiar a las instituciones para que se sumen, muchas veces éstas se encuentran en soledad y lo que necesitan es gente que sepa del tema y es lo que tiene y ofrece nuestra Dirección. Ojalá el año que viene se sumen más y en vez de 250 personas  actuando y desfilando seamos 500”, dijo Sunino. 

Un poco de historia
El objetivo del primer Festival Infantil, según se desprende de las crónicas periodísticas de la fecha, fue "la realización de espectáculos destinados a la niñez con una finalidad de promoción turística”. ¿Qué queda de aquellos objetivos primigenios? ¿Por qué una acción de promoción turística, quedó instalada como una política cultural, tal vez la única en nuestra ciudad, con una perduración de 56 años que lo hace el Festival más antiguo de su tipo en la Argentina? ¿Por qué supo subsistir y resistir a los vaivenes políticos y económicos, crisis de todo tipo, de nuestro país? ¿Por qué, se asegura, desde los ámbitos oficiales, que es la fiesta popular más importante del partido de Necochea? ¿La infancia es su verdadero destinatario, o la familia de vacaciones en su conjunto? Las preguntas son muchas y encontrar las respuestas requeriría un debate amplio y democrático con la participación de diferentes actores sociales que, aún, no se ha dado. Y que pareciera que cada vez importa menos darlo.
Desde el retorno de la democracia a la fecha, tal vez, las variables que con más peso animaron la cuestión, en los círculos culturales, especialmente en los ligados al teatro, e instalaron una discusión que todavía hoy persiste son dos: ¿el Festival Infantil debe ser una fiesta popular,de encuentro y participación, o un mega espectáculo, con servicios varios, entre ellos de gastronomía y esparcimiento?
Entonces, la primera pregunta que podríamos hacernos es ¿pueden convivir estos dos criterios? ¿Es posible consensuar un Festival que atienda a las dos posiciones muchas veces en aparente contradicción? Una fiesta popular significa que "le pertenece al pueblo; que especuliar del pueblo o procede de él; que está al alcance de los menos dotados económica oculturalmente; que es considerada por el pueblo propia y constitutiva de su tradición”.
Por su parte, el espectáculo es "una función o diversión pública celebrada en un teatro, en un circo o en cualquier otro edificio o lugar en que se congrega al público para presenciarla; es algo que se ofrece   a la vista o a la contemplación intelectual y es capaz de atraer la atención y estimular el ánimo”.
Al tener en cuenta estas dos definiciones y al hacer un recorrido por el Festival Infantil en sus
diferentes décadas y momentos histórico - culturales del país, se deduce de que el mismo ha tenido características de ambos conceptos, tal vez sin llegar a ser completamente uno ni otro, ni un mega espectáculo ni una fiesta popular.
Cada administración municipal le imprimió un sello propio, o quiso hacerlo, al menos, y fue construyendo una historia, con luces y sombras, que es nuestra, que está por cumplir 50 años. De lo que no hay dudas es que los necochense hemos logrado sostener una fiesta dedicada a la infancia que cuando vio la luz no imaginó que se convertiría en lo que hoy es: un Festival infantil, de concurrencia masiva, donde el teatro tiene preponderancia pero el desfile de carrozas sigue siendo un hecho gravitante en su éxito o fracaso.

Seguir buscando lo mejor 
El Festival Infantil nació en la década del 60, junto con el rock nacional, con el apogeo del Instituto Di Tella, en un momento en el que en el país se estaba forjando una clase media urbana rebosante de creatividad, una contracultura que desafiaba a los gobiernos militares que tras sucesivos golpes iban instalándose cada vez con mayor firmeza en el poder. Cuando finalmente se instaló la dictadura militar en el año 1976, el Estado Municipal alegó que por cuestiones económicas dejaba de organizar el Festival infantil y convocó a una asamblea de vecinos para que ver qué se hacía. El pueblo no quiso perder esa fiesta y la tomó, la hizo propia, fueron los vecinos quienes rescataron, de alguna manera, al Festival Infantil y conformaron una comisión de amigos para su organización. 
 Con el retorno de la democracia, el Festival volvió a manos del Estado Municipal, con expectativas los artista populares de la ciudad comenzaron a participar del mismo. Hubo un intento de convertirlo en fiesta popular pero… ¿se logró realmente? Los años 90 también dieron su impronta, con concentración de propuestas en el Parque Miguel Lillo, la realización de mega espectáculos musicales de cierre, a veces más ligados al esparcimiento público que a propuestas lúdicas y artísticas para la infancia
A partir del 2003, hubo algunas tentativas de recuperar la fiesta popular, con intervenciones, por primera vez, en Quequén y también en algunos barrios, como en el pasado; con la participación de artistas locales en el diseño y en la toma de decisiones, y con el objetivo puesto en la niñez y sus necesidades lúdicas y artística. ¿Se pudo? La sensación es que se quedó en el ensayo, que hubo un principio de acuerdo entre el sector cultural y el político que no prosperó.
Luego, con el kirchnerismo el festival sufrió lo que nunca había ocurrido, se perdió el concurso nacional de teatro infantil, desfiles convertidos en actos políticos partidarios, intendentes que llegaban con custodia, golpizas a los actores, funciones suspendidas por falta de público, en fin,  serán las hojas negras de la historia del Festival cuando alguien se ponga a escribirla. 
Hoy el desafío es seguir proponiendo a los chicos un Festival que responda a sus intereses y necesidades, con ofertas acordes a los tiempos que corren. La imagen, a través de las distintas pantallas invaden la vida del niño y si bien es saludable que se conecte con otros lenguajes, desconocer la influencia de la tecnología en  sus actividades lúdicas sería un desatino.
Nunca es tarde, y bien vale el intento de seguir buscando lo mejor para el Festival Infantil, teniendo en cuenta las diferentes opiniones y experiencias pasadas. Este debe ser un compromiso de todos, aunque con mayor responsabilidad del Estado Municipal que, hasta el momento, es el responsable de organizarlo y brindarle a la infancia unos días de magia, arte y juegos durante las vacaciones.///

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